EL CERCO DE ARTAJONA

Es mucha la historia que apilan estos muros. Rancio abolengo que permite el paso al visitante por los portales de la Remagua y de San Miguel, que añoran un anterior acceso al que denominaron Aitzaldea.
Y es que el cerco impresiona
de tal manera que, a veces, se olvida que el pasado del lugar comienza mucho
antes. Y así lo demuestran los dólmenes del Portillo de Enériz y la Mina
de Farangortea, a escasos kilómetros del cerco.
Pero la atracción hacia el Cerco es demasiado irresistible para no
dirigirse de forma inmediata a su interior. El pensamiento comienza a
"llenarse" de reyes, nobles, obispos y papas que perfilaron la
historia de estos lares. Sancho Garcés IV el de Peñalén dio el lugar al
noble García Aznárez, que a su vez cedió la iglesia de Santa María al
Monasterio oscense de San Juan de la Peña. Pedro de Roda donó la iglesia
local a los canónigos de Saint Sernin de Tolouse. Fue la época en la que
se construyó el recinto amurallado, el templo de San Saturnino y las casas.
Diferencias con los monjes hacen entrar en litigio a papas, reyes y
prelados.
En definitiva una agitada historia que necesita digerirse poco a poco. Por ello, una parada para contemplar la iglesia fortaleza de San Saturnino permitirá que ese pensamiento cuajado de dimes y diretes, de pugnas entre sarracenos y cristianos, entre bastardos que se erigen reyes y prelados y obispos que tratan de ejercer su influencia, elimine todo resquicio de disputa y se convierta en sensación de inusitada admiración.
De factura gótica, su
estructura original fue construida sobre un anterior templo románico.
Destaca su portada, con un tímpano que representa a San Saturnino, a la
Reina Juana de Navarra y a su esposo Felipe. En el interior aguarda un
magnífico retablo.
Al igual que la iglesia-fortaleza el recinto amurallado, que ya existía en
el siglo XII fue también "retocado" durante el reinado de Carlos II, según los
cánones góticos. Esta muralla "maquillada" por el gótico y
salpicada por esbeltas torres cúbicas, abiertas en su interior en canal,
rivaliza en belleza con la de San Saturnino, que además de ejercer de
campanario fue también punto de vigía. El conjunto, debido a la
disposición del terreno, asemeja los perfiles de un riñón.
Pero todavía aquí queda mucho que admirar. El portal de la Remagua
comunicaba el Cerco con el arrabal, que hoy se ha convertido en el casco
urbano de Artajona. Estrechas calles por las que se reparten fachadas
blasonadas, casonas y construcciones más modernas. No hay que perderse la
visita a la iglesia de San Pedro y a la Basílica de Nuestra Señora de
Jerusalén.