ALBACETE

 

 

Apenas quedan vestigios del viejo poblachón manchego que era Albacete. Hoy, su fisonomía responde más a aquella denominación que le otorgó Azorín. "El Nueva York de La Mancha", como quiso definir a Albacete el novelista, ensayista y autor teatral alicantino, se muestra hoy como una ciudad nueva, abierta y funcional. 
Poco se sabe del origen de este asentamiento hasta el siglo VIII, cuando los anales de la historia revelan que aquí en lo alto de la villa existía una pequeña fortaleza. Al Basit, era el nombre y Al Basit seguiría siendo a lo largo de los siglos hasta dar lugar a Albacete. Curiosamente, perteneció hasta el siglo XIV a la cercana Chinchilla, habiendo antes pertenecido al Concejo de Alarcón. A finales del siglo XIII formó parte del señorío del Infante don Juan Manuel y es en este periodo cuando surgirían en los altos del terreno, tres fortalezas que darán origen al emplazamiento actual. 

Tras su independencia de Chinchilla y su apoyo hacia los Reyes Católicos en las pugnas con La Beltraneja, obtiene el privilegio de celebrar mercado, además de obtener el nombramiento de villa de realengo. Pero es el siglo XVIII, con la concesión por Felipe V del establecimiento de una feria anual cuando Albacete comienza adquirir importancia comercial. En 1783 se construye el Recinto Ferial, denominado "la sartén", por la forma que este tiene. La Sartén se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad. 

A pesar de ello, su etapa de mayor esplendor llegará en los siglo XIX y XX, momento de consolidación de la actual urbe. El XIX supone el desarrollo urbanístico. Grandes avenidas, nuevas calles y edificios auspiciados por la burguesía van perfilando la ciudad que va comiendo terreno a antiguos barrios. Lamentablemente en el siglo XX se destruyó el Alto de la Villa, uno de los barrios más antiguos de Albacete. 

El mejor punto de partida para visitar Albacete es situarse en la Plaza del Altozano, considerado el verdadero centro de la ciudad. Y un buen punto para viajar por su historia. En torno a este foro se sitúan el viejo Ayuntamiento, el monumento al cuchillero, que tan buena fama a dado a esta ciudad y una reproducción de la bicha de Bazalote, monumento funerario y la Dama Oferente del Cerro de los Santos. Pero el verdadero recorrido arquitectónico se muestra en las calles Mayor, Concepción y Marqués de Molins. 
Otro de los puntos más embelmáticos de la ciudad se sitúan en la plaza de la Catedral, en la que se ubica tanto la Catedral dedicada a San Juan Bautista, como el edificio del actual ayuntamiento. En torno a esta plaza no hay que dejar de visitar la casa del Hortelano, la de Doña Filomena Flores o el edificio del monasterio de la Encarnación. 

Pero una de las construcciones que más sorprenderá al visitante será el pasaje de Lodares. Junto con el de  Gutierrez en Valladolid, son el único exponente de galería de este tipo existentes en la geografía española. Su estructura de luz y de hierro permite traspasar la luz. Cuenta con tres pisos con balcones que dan al pasaje y un piso bajo, sostenido por robustas columnas que dividen los diferentes locales comerciales. Cerca del pasaje y de gran importancia también es la Posada del Rosario.