GIJÓN

 

     

 

Jovellanos nació en esta ciudad colorista e industrial de febril movimiento. Movimiento auspiciado por el carácter de sus gentes. Gentes que ven a luz, cada día, a un oculto pasado. En el barrio de Cimadevilla, de imprescidible visita, algunos vecinos aseguran que es allí, en Campa de Torres, donde comenzó el origen de este enclave costero. Aquí se encuentran las raíces gijonesas. "Pero los romanos se establecieron en el Cerro de Santa Catalina. Las excavaciones realizadas están desvelando como era la antigua ciudad de Gigia", asegura un viejo lobo de mar, mientras sostiene entre los labios un cigarrillo sin filtro. 
Y es cierto. Aún pueden contemplarse los restos de un complejo termal y lienzos de la antigua muralla. 

La amnesia colectiva parece haber borrado las huellas de la historia de este pedazo de tierra asturiana durante algunos siglos. Se sabe de la escasez  de población durante la monarquía asturiana y del abandono más absoluto durante dos centurias (X y XI). Y, posteriormente, las luchas entre la nobleza llevaron a la destrucción de la ciudad en el siglo XIV, siendo entonces incorporado el territorio a la corona. 

Pero, el privilegiado emplazamiento no pasó inadvertido a los Reyes Católicos. Durante su reinado comienza a operar el puerto de Gijón, eje principal de la ciudad y bastión fundamental para comprender su historia futura. 

Pero es el siglo XVIII cuando Gijón se halla en todo su esplendor gracias al puerto y a la actividad comercial y pesquera. Era la idea que Jovellanos tenía de su ciudad natal y luchó por conseguir convertir la urbe en la capital marítima de Asturias. Lo consiguió. Pero no pudo ver, El Musel, gigantesco puerto con más de siete kilómetros de muelle. Tanto él, como otros ilustrados dieciochescos, propusieron construir un puerto carguero que brindara la posibilidad a Asturias de exportar a gran escala su carbón y producción industrial. Dimes y diretes llevaron a archivar el proyecto hasta 1854 cuando se inician los estudios para poder diseñar un puerto adecuado. Las obras de El Musel se iniciaron en 1892. Hoy es uno de los primeros puertos de España. 

Gijón sigue teniendo ese aire ilustrado que le imprimió su paisano. Sus museos, sus escuelas, sus asociaciones se mezclan con el salitre de las playas e impregnan el aire de una personalidad particular

Parece que el gijonés palpa la calle de manera especial. Le gusta salir, charlar con los amigos, pasear por sus calles o tapear. La noche tampoco es ajena a los propios. Los forasteros se sienten rápidamente integrados. Ese carácter afable del asturiano se deja sentir con mayor presencia por cada calle, cada rincón de la ciudad. 
Sin duda, Jovellanos, debe sentirse muy orgulloso de su ciudad natal.