MÁLAGA
La quietud que inunda el Jardín Botánico-Histórico de La Concepción impide sospechar que bajo este vergel de especies tropicales, salpicado de fuentes y estatuas está escrita, en gran medida, la historia del último siglo y medio de Málaga.
Este hermoso jardín
tropical, considerado el mejor y más bello de España, y posiblemente de Europa, tiene su origen en la familia Heredia, que junto con Martín
Larios y Jorge Loring, convirtieron a Málaga en la segunda provincia
industrial de España. Una hija de los Heredia, casada con Loring, fue la
precursora de este bello jardín. Mientras su marido dedicaba gran parte del
tiempo a los negocios, Amalia fue poblando este espacio de plantas. Aquí
dicen se gestó la Restauración. No en vano, no fueron pocas las visitas de
Cánovas al jardín, así como de otras personalidades de la política y la
cultura españolas. Desde el mirador, la fabulosa panorámica de la ciudad
permite al viajero, despertar de esa paz interior y buscar sensaciones de
curiosidad. El viaje comienza en este mismo jardín, en el Museo Loringuiano,
a través de mosaicos romanos, estatuas de mármol y piezas de bronce.
Porque la denominada Capital de la Costa del Sol, fue preciada desde los
inicios de los tiempos, mucho antes de que las playas, el clima, la
arquitectura, las gentes y la gastronomía, la hicieran ser conocida
mundialmente.
El puerto de Málaga no pasó inadvertido a los fenicios, grandes
comerciantes, que muy pronto vieron las posibilidades de este reducto
ibérico. De este modo, construyeron un poblado junto a un cerro al que
dieron el nombre de Malaka.
Como tampoco pasó inadvertida a los romanos,
que la consideraron tan importante que gozó del privilegio de ciudad
confederada de Roma, gracia que sólo consiguieron pocas ciudades de
Hispania.
Pero fueron los árabes los
que proporcionaron a Málaga una de las etapas de mayor esplendor. Fueron
ellos los artífices de la muralla, del castillo de Gibralfaro y de la
Alcazaba. Durante el reino zirí granadino fue punto de gran importancia
mercantil. Desde su puerto salían todo tipo de productos hacia diferentes
puntos del Mediterráneo.
El esplendor de Málaga se topó con una etapa de fuerte decadencia durante
el periodo cristiano. Malas cosechas, epidemias y una dudosa
administración, no fueron beneficiosas para la ciudad.
Fue con Felipe II cuando la ciudad parece florecer de nuevo, muy lentamente,
hasta culminar en el siglo XVIII y XIX, con una nueva
"revolución", la industrial, que gracias a familias como los
Heredia y los Larios la convierten en segundo centro industrial. Pero a
finales del siglo XIX, una nueva crisis vuelve a sumir la ciudad. Por
aquel entonces, en la que fuera Plaza de Riego, actual Plaza de la Merced,
un joven profesor de Dibujo Lineal y Adorno de la Escuela de Bellas Artes
alquiló un piso en la primera planta del entonces número 36. Era por José
Ruiz Blasco que acababa de casarse María Picasso López. En 1881, nacería
en esta casa Pablo, uno de los artistas más geniales del siglo XX. Visitar
la Málaga de Picasso es visitar la historia de la ciudad. ¿Cómo era esa
Málaga por la que correteaba el artista?. Era una Málaga que se iniciaba
en la Plaza de la Merced, donde era posible vivir escenas de alto calado
popular, llenas de colorido y con multitud de palomas que luego estarían
presentes en multitud de sus obras.
Era la Málaga de la Escuela de Bellas Artes, donde se iniciaban jóvenes
pintores y Picasso tomaba contacto con los pinceles, aunque nunca llegó a estudiar aquí. Y además pudo codearse con otros pintores amigos de su padre. En definitiva era la Málaga del Liceo, de la plaza de toros de La
Malagueta o del Colegio de San Rafael.
Hoy día, su casa natal se ha convertido en la sede de la Fundación Pablo
Ruiz Picasso, un referente cultural importantísimo para la ciudad en torno
a la vida y obra del genial artista.
La ciudad de Picasso dio un vuelco espectacular en los año cincuenta con el
fenómeno turístico. Málaga se convirtió en la capital de la Costa del
Sol y ello provocó el inicio masivo de construcciones ciclópeas que
afearon, en gran medida a la ciudad, aunque sigue conservando su casco
histórico y su encanto mediterráneo.